martes, 26 de enero de 2016

Windsor

Se me han acabado los secretos que contar, la fe, las ganas de esperar y los mitos. Se me han caído los pantalones hasta los tobillos y por el camino la hebilla se enganchó a mis virtudes y las hizo girones.

Pasan los días a la velocidad del AVE y el tren que espero siempre se ha equivocado de andén. Voy rápido sin saber a dónde, movida por los golpes anónimos de una avalancha tan grande como la del Madrid Arena. Ya va siendo hora de dejar la manía de lanzarme por los balcones para comprobar que la gravedad sigue funcionando, pero ¿de qué vale decidir que no aguantas más cuando los frenos están rotos y la Tierra conduce a 107000 kilómetros por hora? No hay señal de frenado de emergencia de aquí al cielo y solo oigo las sirenas de los camiones de bomberos. No me vale con un Windsor. Que noviembre reviente, y con él Madrid entero, que no me de tregua, ni un hueco para escapar. Un Nerón que incendie la ciudad, un Londres 1666, Santander en el 41.

Ser invadida, luchar por evitarlo, pero caer como cuando las naciones más fuertes caen. Arder como el Reichstag de Weimar. Como caen las estrellas cuando se convierten en supernovas, en su máximo esplendor, en su mayor orgasmo. Y paladear la muerte. Averiguar si sabe a color rojo, a pólvora y a óxido; a desorden y a cenizas. A tabaco. Si cruje como el hielo a masticarla, si es fría y tiene ese toque amargo, ácido, a mandarina. Si sabe a vísceras, a lo que debería haber dentro y ya no está, a pérdida, a agua de lluvia. Si te quema la garganta como un chupito de vodka.

Y quizá, morir con la esperanza de resurgir de mis cenizas, como un ave fénix.




miércoles, 2 de julio de 2014

You was.

Qué rápido me dijiste que no era ‘was’, sino ‘were’, y qué poco hábil para darte cuenta de que el fallo no estaba en el verbo sino en el sujeto. Que no has sido tú mi héroe. Vivía y moría por ti, y las únicas heroínas de ello éramos yo y la que me inyectabas en cada golpe, y esta última era más villana que otra cosa.


Por tanto, no es ‘you’, sino ‘I’ lo que va con el ‘was’. Y aun así sigue fallando el verbo, que está en pasado mientras invento el tiempo que aúne presente y futuro. Porque cualquiera te puede salvar, pero no hay nadie más capaz que uno mismo para evitar hacerte caer al vacío. 


martes, 24 de junio de 2014

Bonfire.

Hace un año estaba firmando la rendición en la noche más corta del año. Había gatos en el tejado, estos días no dejo de soñar con ellos. Después de aquello, nada más que noches largas, noches frías de verano. -Y yo que pensaba que las noches frías de verano eran una excusa cósmica para que a las chicas las abrazaran de vez en cuando-.

Ahora sé que el fin del verano comienza en la noche más corta del año, y que la eternidad no existe más allá de las puntas de mis dedos, que se queman como hogueras 
demasiado lejos de la playa.



jueves, 19 de junio de 2014

Asústate

“Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona. Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos”, escribes.



Y aquí estoy, acojonada, escondida debajo de la cama (donde se esconden los monstruos); pensando dónde estará la chica que antes soñaba con que la quisieran, y quién es ésta que ahora sueña con poder querer ella. Ni siquiera puedo preguntarle al silencio qué me han hecho para convertirme en hielo, porque no hay nadie a quien echarle las culpas. Quizá sea que lo que satisface es la victoria, y que al trofeo se lo acaba comiendo el polvo de la estantería. Y ese es el problema, preferir ganar a amar, dejar de quererlo en cuanto lo tienes. 

domingo, 1 de junio de 2014

She said.

Y aquí está, camino de los veinte y habiendo borrado del diccionario el término ‘hacer el amor’, porque eso no es follar, y a ella le gusta hacerlo hardcore, y si es posible con chicos de gorra y barba de tres días, con pinta de gilipollas a los que mejor no conocer. Que tampoco es que ahora venga con rollos auto-éticos, que le vale con lo estético y lo pornográfico. Sin argumento en las historias, claro.

Prefiere no saber nada más de él que todos los detalles de su polla y de su lengua. No darle oportunidad a que le cuente que está soltero y busca una musa, y no tener que recordarle que no hay amor en los términos del contrato. Prefiere no tener ni dejar recuerdos que no den para paja, por si acaso. Aprovechar la ignorancia y la presunción de los vicios del otro, para hacer un ‘yo más’.

Desde luego, ella no es de temperatura ambiente, es de frío cuando no hay calor. De las que mejor ve a verla con chaqueta por si refresca y frenadol, y la maleta con ropa para 
todas las estaciones y siempre hecha, para 
echar el vuelo con el humo del cigarro de después. 



Now playing: She said - C. Tangana

lunes, 17 de marzo de 2014

De Madrid al cielo.

Ya he dejado de preguntarme qué tiene esta ciudad para atraparte y no dejarte escapar, porque ninguno de los motivos que se me ocurren me parece suficiente. Ni siquiera su sol agonizante, incendiándose tras los edificios, ni ese último segundo antes de que se enciendan las luces. Ni siquiera su forma de acogerte cuando acabas de llegar, o de no querer soltarte la mano cuando te vas. Su manera de obligarte a volver. Ni todos los gatos callejeros con sus ojos grandes diciéndote que aquí nunca vas a estar solo, ni las calles llenas de gente en las que olvidarte de todo lo demás. No hay motivos suficientes para enamorarte a primera vista y convencerte de que el amor no va de personas diciéndose te quiero, sino de sentir que no serías capaz de alejarte para siempre de algo. No hay motivos suficientes para querer empezar a ser de aquí a estas alturas.


Tampoco hay motivos suficientes para autoconvencerme de que puedo resistirme a su atardecer, por lo que dejaré el discurso de lo que no es suficiente para aquellos que aun estén a tiempo de volver a casa antes de que empiece a caer el sol, porque cuando ya lo has visto solo quieres dejar que Madrid te lleve al cielo. 



martes, 17 de septiembre de 2013

La marea me dejó los versos borrados.


Olas de mar, que antes de llegar ya se han ido, y que nunca sabes cuándo van a volver, pero que siempre regresan. Que no dejan de sonar, como las caracolas. Saladas. Fugaces. Eternas.

Y es que siempre vas a estar ahí, siempre. Y no voy a esperarte en la arena de la playa, pero me pasaré de vez en cuando para ver si has llegado.


Algunas nos encaprichamos de elementos naturales, ya ves. 

lunes, 17 de junio de 2013

Leones.



Ya no siento nada más que rabia cuando discutimos y ganas de tenerte entre las piernas. Me he acostumbrado a contestar “yo también”  a tus tequieros, sin sentir, que es justo lo que siempre me prometí no hacer. Estoy bien apoyada en tus hombros, agarrada a ti. Tan bien como puede estar un león tumbado cómodamente a la sombra en una terraza de un piso en la ciudad.  

jueves, 14 de febrero de 2013

Carta de amor al amor inexistente

Querida sombra:

Escribo, una vez más, una carta de amor al amor inexistente, a lo perdido después de haberlo encontrado, a la tristeza de esos ojos que me miran, reflejados en el cristal de la copa que sujeto, y que no son más que los míos, sin tu presencia. Te escribo a ti, y al viento molesto que ahora ocupa tu lugar.

Escribo con las manos blancas, quebradas por más daños que años, ahumadas por el cigarro que sujeto entre los dedos, y ahogadas en el whisky que le falta a mi vaso, que me pide que acabe de una vez con el hielo que ha dejado de tintinear y se ha hecho agua, a la par que mis ojos. Me he deslizado por el sillón, me he dejado caer, me he escurrido como se ha escurrido el tiempo por mi piel, llevándoselo todo.

Y ahora que te he perdido es como si también el mundo se me cayera encima, y se quedara ahí, haciendo fuerza contra mis hombros. Ahora que ya no son mis dedos los que bailan en tus mechones de pelo del color del fuego, ni hacen turismo durante horas por los kilómetros que a veces parecen medir tus piernas. Ahora que ya no son mis ojos a los que haces naufragar en la incoherente búsqueda de tus defectos; y que no son mis brazos los que te agarran fuerte, como si pudieras (y pudiste) evaporarte en cualquier momento e intentase evitarlo. No son mis labios ya los que arden cada vez que rozan tu piel, ni parece que se deshacen cuando los tuyos se acercan, ni se funden con ellos haciendo creer al propio mundo que se ha parado.

No soy yo ya el más apropiado para subir al cielo entre tus piernas, y arrancarle a la noche una o dos, o si por mí fuera mil estrellas para hacerte un vestido – a ti ya no te importa que yo hiciera lo imposible por conseguirlo –. Ya no soy yo a quien le susurras canciones bonitas y versos de poetas sudamericanos mientras te desnuda, con esa voz tan rota como las olas estrellándose en los acantilados.

Ahora es otra persona quien se siente Dios cuando lo miras con esos ojos salvajes.

Pero sigo y siempre seguiré siendo yo quien regalaría su último aliento por verte mover el culo al caminar una vez más. Porque tenerte fue dejar de creer en los cuentos del movimiento de rotación y del eje imaginario de la Tierra, y empezar a comprender que eres tú la razón por la que el mundo gira.

Y, sin embargo, esta carta quedará en el cajón de los versos que te escribí por no ser capaz de decírtelos al oído, de los versos que llegaron tarde, que no llegaron, que llegaron sólo a tu piel enredados en la punta de mis dedos, y ahora mueren hechos tinta en un papel que acabaré quemando para que las llamas me recuerden el color de tu pelo.

Demasiado cobarde para ser tuyo.



miércoles, 16 de enero de 2013

Welcome to the new age.


Empezó con un vestido verde, kilos de purpurina en la cara, mucho alcohol en las venas y una cagada de pájaro felicitando el año. El año que amenazaba con ser el último. Siguió con nervios, risas, lágrimas y borracheras, dando paso a un verano de noches que se acaban a medio día, cerveza, desastres, gritos y amaneceres en la playa y muchos tachones a mi lista de ‘Casi 100 cosas que hacer antes de morir’. Verano de reencuentros, victorias, recuerdos y principios.

Luego llegó Septiembre, que, digan lo que digan, para mí siempre supone un punto y aparte. Nueva vida. Nueva ciudad, nueva casa, nueva familia. Ya ves, al final acabas hipotecado de favores, de alegrías y de buenos momentos. Otoño de dudas, de decisiones cuestionadas, de cambio de planes. De palabras dichas sin pensarlo demasiado. De hacerme mayor rodeada, si no de todos los que me gustaría, al menos de una parte muy importante; de ser joven, salvaje y libre.

Año de cambios y nuevas canciones, traiciones, tachones. Gente que se va para siempre, gente que viene a quedarse, gente que vuelve y gente que está ahí siempre, aunque sea en silencio.

Y solo quiero que el que empieza cumpla las promesas que ha dejado éste, quiero litros de alcohol, quiero adrenalina, conciertos, amaneceres, amnesias,  orgasmos, risas y sonrisas, más tachones, tacones, lugares y situaciones, fotografías que poner en mi pared, personas a las que mirar cuando se para el tiempo y sonreír. Ya lo he dicho alguna vez: no te preocupes por nada, no creas en el destino, ve, ponte tu vestido y los tacones más altos, un poco de pintalabios y baila hasta que salga el sol, o hasta que se vuelva a poner.



miércoles, 19 de diciembre de 2012

Las palabras más dichas del mundo.


Palabras. No son más que signos, sucesión de letras que poco tienen que ver con la realidad. Que no significa más que lo que nosotros queremos que signifiquen. Dicen que no existe la magia, pero el lenguaje no es más que eso, magia. Manchar cualquier superficie de líneas de tinta y decidir que eso signifique algo, que ese trazo recoja tu vida, si así lo deseas.

Alguien, alguna vez, recogió un sentimiento, manchó un papel y lo llamó amor. Alguien decidió que su necesidad de admitir ese sentimiento hacia alguien fuera mediante dos palabras: te quiero. Y se hizo tan, tan global que quizá sea la coalición de palabras más dicha, escuchada o deseada de oír del mundo.


Y a mí, que no sé darle buena forma en grafito a mi vida, me desagrada. Está en boca de tantos que lo aborrezco. Nadie, no hay dos personas en el mundo cuyos sentimientos puedan ser idénticos. No hay dos gotas de agua iguales en ninguna parte. No existen las simetrías perfectas, eso es algo de lo que estoy segura. Y las polisemias… Las polisemias acaban con los significados. Algo que significa todo no significa nada.

Y me da rabia. Me da rabia por el primer ser humano que dijo 'te quiero', me da rabia la manera universal de contaminar la creación de esa persona, de pervertirla y exponerla, desnuda, al mundo entero, sádico violador del arte. Hemos llegado a dotar esas palabras de responsabilidad, aunque se sigan diciendo sin ton ni son. Porque el problema no es decirlo, sino entenderlo. Porque quien lo entiende es quien fija las reglas, los propósitos, las responsabilidades que eso implica. Y yo no me atrevo a dejar a la libre interpretación de nadie un concepto que no se limita a mis propios sentimientos. Y viceversa. A nadie le gusta equivocarse, por ello no entiendo a quien decide elaborar su propio concepto del significado de un te quiero, que a saber qué quiere decir nadie con eso.

Quizá por eso, quizá por lo repelentes que me resultan las cosas cotidianas, y aun más las cosas que dice todo el mundo de igual manera queriendo referirse a cada única experiencia; o a lo mejor es sólo por que no soy capaz de asumir responsabilidades, porque no quiero crecer del todo, porque no quiero entender lo que ello significa. Quizá es eso por lo que siempre pensé que nunca lo diría, que me intoxicarían las ganas de huir si algún día alguien me lo dijera. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

6575



Puedo empezar hablando del tiempo y del aumento exponencial de su velocidad. Puedo hablar de aprender, de desaprender, de errar. De que se acabó el tiempo y nadie me dedicó esa canción de Kings of Leon, Seventeen. Todo cambia. Y “todo” es lo más parecido a “nada”.
Miro los surcos que hacen esas microarrugas en el dorso de mis manos y pienso en lo que han vivido y en lo que les queda por vivir. En todo lo que han tocado, las personas a las que han acariciado, todas las palabras que han escrito, los vasos y cigarros que han agarrado. En seis mil quinientos setenta y cinco días se puede escribir un libro, se puede contar una vida. Van ya unos cuantos tachones en aquella lista de “Cien cosas que hacer antes de morir” que sólo tiene escritas 85, y mis manos mueren de ganas de seguir tachando. Sabes, no soy de confianza, ni lo voy a ser nunca. Quizá tampoco vaya a ser más buena nunca, pero no soy tan mala.
Nunca me gustó acelerar las cosas, pero me lo pide el cuerpo y necesito libertad. Este será el último cambio que permitiré sonriendo que haga el tiempo. Creo que definitivamente tengo que dejar de ser una niña, pero no quiero, estoy bien así. Un año al menos más, de transición. Se me abren las ventanas, pero ya maduraré… el año que viene. Ahora necesito estos 365 días para vivir. Joven, salvaje y libre.

domingo, 28 de octubre de 2012

Nunca es suficientemente lejos, nunca suficientemente cerca.


Una cosa es que fallen los planes, y otra muy distinta es acabar en el punto totalmente opuesto al que planeaste. Donde nunca, nunca pensé que iba a acabar. Ya me lo dijeron. Que iba a terminar volviendo cada fin de semana. Y yo convencida de que no, que me iría definitivamente, que nunca volvería. Que empezaría mis dieciocho en camas extranjeras, que haría cosas distintas, que probaría cosas nuevas, que iba a evolucionar en animal salvaje, que perdería los sentimientos. Hedonista sólo en potencia, se me caen los ideales, me decepciono. No fui capaz de pararlo a tiempo, el verano se fue, pero no se lo llevó, y aquí lo tengo. En cada momento, bajo la piel, dentro de los huesos. Yo que no quería más vicios que el humo.


Me cuestas tanto, pierdo tanto.

domingo, 14 de octubre de 2012

D.



Sabe a color rojo, a pólvora y a óxido. A desorden, a cenizas, y sí, también a tabaco. Frío, muy frío, y con un toque amargo, ácido, a mandarina. Sabe a vísceras. Sabe a lo que debería haber dentro y ya no está, a pérdida, a agua de lluvia. Y te quema la garganta como un chupito de vodka.

domingo, 30 de septiembre de 2012

De fuego y leña.


Esto no deja de ser un cuaderno en sucio, un borrador de sentimientos, ¡como si los sentimientos pudieran plasmarse en letras! Y hoy hablo de sentimientos paralelos. De dividir un corazón en dos partes. De lo que tengo y lo que deseo. De que, por mucho que pueda desear algo, no puedo desperdiciar lo que tengo. Y es que esto se ha convertido en algo extraño, parece que fuego surge de donde no quedaban casi cenizas, y no entiendo por qué. Y, paralelamente, se crea en mi una nueva una necesidad, temo que cada vez mayor, de algo que nunca necesité. ¡A dónde he llegado a parar! ¡Yo echando de menos, quién me lo iba a decir!

Y aquí llega la duda. Cuando el fuego me tienta, y yo que soy más fuego, necesito que me avive. Y, mientras, necesito mi leña para seguir existiendo. Y la leña que siempre quise, aunque no sea la leña que imaginara, la he conseguido, y está aquí, y sostiene mi vida, y la echo en falta cuando no está. Pero no hay nada que más desee que el fuego, aunque pueda  aguantar toda la vida sin echarlo de menos cuando está lejos, aunque vaya a seguir atrayéndome para siempre.

Parece que conocí el fuego hace una eternidad, y en el fondo sólo es una línea discontinua pero infinita, con la que cuesta llegar a cruzarse. Se apaga, se vuelve a encender cuando menos lo esperas, siempre surgirá de nuevo. La leña… la leña esta ahí, de manera firme, inmóvil (quizá demasiado inmóvil), pero llega un día en que se acaba.

Por ello, aunque quien no arriesgue no gane, no es hora de echar a perder ese pájaro en mano. Mi leña será mi tierra, será mi vida hasta que se consuma. Y sólo en ese momento, si vuelvo a cruzarme en el camino del fuego, decidiré si unirme o no a su intermitente trayecto.

Porque querer siempre no significa esperar siempre.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Septiembre.



Mis años no se acaban en Diciembre, se acaban en Septiembre. Justo en el momento en el que veo la primera hoja amarillenta adornando el asfalto. Y, con cada una de ellas, una parte de mí se larga, y me deja a solas con el portazo. Porque no hay frase más triste que un “se acaba el verano”.

Se acaba la libertad absoluta, los días de humos y tragos, el calor asfixiante, los planes no cumplidos, las semanas enteras ebria, se acaban las bromas que se vuelven serias cuando no las puedes controlar. Se acaban las horas muertas en un colchón. Me dejo aún una larga lista de cosas que hacer antes de morir, aunque con algún tachón más; me dejo desilusiones por el camino, y sentimientos de los que se quedan debajo de la piel toda la vida, calambrazos. Y conversaciones pendientes, de las de silencios cargados de significados y posibles decepciones.

Llegados a este punto sólo cabe confesar que sé, con certeza, que nunca seré capaz de asumir los Septiembres. Que se acaba todo, que te acabas. Y lo peor, lo peor de todo es que está en mis manos. Que me sea más fácil asumir la pérdida que decidir si prefiero un rescate. 


domingo, 15 de julio de 2012

A veces.




(A veces odio, a veces amo) A veces sobran las palabras, a veces sobra la tela. A veces sobra hasta el aire, hasta la propia piel, hasta los huesos. A veces sobra que me roces las caderas de esa manera y luego apartes las manos, sin más. A veces, incluso sobro yo. 
O tú. 
A veces sobran planes ajenos. A veces sobran luces en ese rincón, a veces sobran ladrillos en esa fachada. A veces sobran mis ganas de contar mentiras, o mis ganas de ti. 








A veces hace frío en verano, y eso también sobra. 

viernes, 29 de junio de 2012

Pánico escénico.

Pánico escénico. Pánico a salir al escenario, a dejar que empiece la función sin saber cómo va a acabar (o incluso sabiéndolo). Pánico a que no se haya escrito el guión perfecto para mí, o a no saber interpretarlo correctamente. Pánico a quedarme en blanco cuando toca decir algo importante, a quedarme quieta en vez de salir corriendo del plató, riéndome a carcajadas. Pánico a creerme demasiado que todos somos cada personaje, a olvidarme de que no es más que teatro y que fuera, nada de eso vale una mierda. Pánico a que se me enganche el vestido con cualquier cosa, se rompa y me quede desnuda ante el público. Actuando, pero sin poderme esconder. 

Y por eso, nunca me he atrevido a subir a un escenario y dejarme llevar, olvidándome de mi vida y asumiendo otra totalmente distinta. No me ajusto al guión. 


Y sin embargo, en el fondo no dejo de actuar.

martes, 5 de junio de 2012

¿Quieres jugar?


-Tú tienes tu propio juego, y ¿sabes? Yo también tengo el mío. En el tuyo siempre ganas, y en el mío puedes hacerlo. Yo pongo las reglas, tú decides si quieres jugar.

-¿Y cuáles son esas reglas?

- Uno: no puedes hablar a nadie del juego, ni de los jugadores.

-Está bien, pero ¿Quiénes son los jugadores?

-Dos: sólo juegan dos personas: si quieres, tú y yo. Tres: puedes jugar con otras personas independientemente de mí, siempre cuando respetes la primera regla y a la vez la quiebres.

-¿Qué coño quieres decir?

-Quiero decir que no puedes hablar del juego, ni de mí, pero tienes que contarme con quién juegas. Es divertido cuando juegas con alguien sin que esa persona lo sepa.

-Pero no es muy ético, ¿no?

-No. Cuatro: en cualquier momento se puede abandonar el juego, pero no quebrantar las reglas. Es decir, si quieres dejar de jugar, dilo y fin, pero nunca lo jodas.

-Si la jodes acaba igualmente.


-Igualmente no creo que sea la palabra correcta, pero sí, acaba. Y, por último, cinco: esto nunca deja de ser un juego. Como si en realidad nada existiera cuando no estamos jugando.

-Vale, creo que lo entiendo todo. Curioso tu juego, pero aún no sé qué hacer para ganar.

-Jugar. Sólo hace falta jugar, y saber cuándo y cómo retirarse en caso de que las cosas se pongan feas. ¿Quieres jugar?

lunes, 28 de mayo de 2012

En mi cintura.

En mi cintura cabe exactamente su mano. Él es el Ceniciento y yo la princesa con un hueco exigente sobre la cadera. Muchas veces estuve enamorada, hasta que me daba cuenta de que esas manos no acababan de encajar cuando me agarraban al bailar, al abrazarme o al follar. Y claro, se me iba de golpe el amor. 

Es una manía estúpida, pero si con un zapato de cristal funcionó, ¿por qué no escoger al hombre cuyas manos están hechas para formar un puzzle con mi cintura?